Europa refuerza el ajuste del carbono para una industria más limpia y competitiva
La Unión Europea avanza en el fortalecimiento de su política climática y comercial con nuevas medidas destinadas a mejorar la eficacia del Mecanismo de Ajuste en Frontera de las Emisiones de Carbono (CBAM). El objetivo es cerrar lagunas legales, evitar prácticas de elusión y garantizar condiciones de competencia justas para la industria europea, al tiempo que se impulsa la descarbonización más allá de las fronteras comunitarias.
La iniciativa, presentada por la Comisión Europea, responde a la experiencia acumulada durante el período de transición del CBAM y a las aportaciones del sector industrial. Entre los principales cambios destaca la ampliación del alcance del mecanismo a nuevos productos derivados intensivos en acero y aluminio a partir del 1 de enero de 2028, reforzando así su capacidad para evitar la fuga de carbono.
Ampliación a productos derivados con alto contenido en carbono
Actualmente, el CBAM se aplica a materiales básicos como el acero, el aluminio, el cemento o la electricidad. Con la nueva propuesta, el mecanismo se extenderá a unos 180 productos derivados —principalmente maquinaria, equipos industriales y algunos electrodomésticos— con un elevado contenido de acero y aluminio.
Esta ampliación busca evitar que las emisiones se desplacen fuera de la UE a través de la importación de productos transformados fabricados en países con normas climáticas menos exigentes. La gran mayoría de los productos afectados forman parte de la cadena de suministro industrial y se utilizan en maquinaria pesada y equipos especializados, mientras que una proporción menor corresponde a bienes de consumo doméstico.
Más control y menos elusión
Las nuevas medidas refuerzan los mecanismos de control para prevenir la elusión del CBAM. Entre otras acciones, se introducen requisitos de información más estrictos para mejorar la trazabilidad de los productos y corregir posibles declaraciones erróneas sobre la intensidad de emisiones.
Además, se incorpora el uso de chatarra de acero y aluminio preconsumo en los cálculos del CBAM, lo que favorece el reciclaje y garantiza una tarificación del carbono más justa tanto para los productos fabricados en la UE como para los importados. La Comisión contará también con mayores competencias para exigir pruebas adicionales cuando los datos declarados no sean fiables y aplicar valores por defecto en casos justificados.
Un fondo temporal para apoyar la descarbonización industrial
Como complemento, se crea un Fondo Temporal de Descarbonización destinado a proteger de forma transitoria a los productores europeos más expuestos al riesgo de fuga de carbono en mercados internacionales. Este fondo permitirá reembolsar parte de los costes del carbono asociados al Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE a aquellas empresas que demuestren esfuerzos reales de descarbonización.
La financiación procederá de los ingresos generados por la venta de certificados CBAM, de los cuales el 25 % será aportado por los Estados miembros en 2026 y 2027, mientras que el 75 % restante se integrará como recurso propio de la UE.
Un instrumento clave para la neutralidad climática
La Comisión ha publicado también un informe de revisión del CBAM que evalúa su funcionamiento durante el período de transición iniciado en octubre de 2023. El análisis confirma el papel del CBAM como herramienta eficaz para combatir la fuga de carbono y fomentar la fijación de precios del carbono a escala global, apoyado en acciones de divulgación y asistencia técnica a países terceros.
El CBAM forma parte esencial de la estrategia europea para alcanzar la neutralidad climática en 2050, complementando al Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE, que fija el precio del carbono dentro del mercado comunitario. Tras la fase de transición, el ajuste financiero del CBAM comenzará a aplicarse progresivamente a partir de 2026, en paralelo a la retirada gradual de las asignaciones gratuitas del RCDE hasta 2034.
Con este refuerzo, la UE consolida un marco que combina ambición climática, competitividad industrial y equidad en el comercio internacional, impulsando una transición hacia una economía global más baja en carbono.

